Ciudad Bolívar

IMG 20150227 00500José Laurencio Silva/Ciudad Bolívar

Rosaura Escobar, inteligente, alta, delgada, negra, gestual, matiza las palabras, voz timbrada, le gusta reírse, usa espejuelos blancos con montura de carey para leer, profesora de la Universidad Central de Venezuela, nacida en Catia, la parroquia más popular de Caracas, tiene en proyecto publicar sus memorias docentes sin descartar su éxito literario como obra autobiográfica, donde cuenta el

aprendizaje de su vida docente a lo largo de su trayectoria profesional de 41 años de ejercicio de la docencia, que se inicia con su debut como maestra de primer grado en educación primaria, tras su graduación de normalista en el Instituto Pedagógico de Caracas en 1974.

“Estoy buscando quien me las publique”, dijo rápido, sonriente, sentada detrás del escritorio de su cubículo en el Centro Regional de la UCV en Ciudad Bolívar, al ser preguntada sobre la edición de sus memorias, cuya primera parte está lista.
Usó la narración autobiográfica en su trabajo de ascenso a profesora asistente a medio tiempo en la UCV, donde tiene doce años como docente. Adscrita al Departamento de Currículo y Formación de Recursos Humanos de la Escuela de Educación de la Facultad de Humanidades tiene a su cargo las asignaturas de Didáctica I, Didáctica II y Prácticas de Didáctica.
En sus investigaciones en la educación utiliza el paradigma cualitativo desde la investigación acción participativa para recoger historias de vida, hacer memorias y etnografía. Desde hace 15 años atrás es también conferencista, tallerista y motivadora educativa.

La inspiración
machadista
En dicho trabajo académico de ascenso realiza una reflexión sobre la práctica y experiencia de su formación docente, incluyendo su aprendizaje a lo largo de su dilatado trayecto profesional que, según dijo, está inspirado en el verso “Caminante, son tus huellas el camino y nada más, Caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace el camino”, cuyo autor es el eximio poeta español Antonio Machado.
“Nosotros, los maestros”, dijo, “deberíamos tener como bandera ese verso de Machado, porque al andar y volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Nosotros estamos construyendo caminos, porque a veces ni siquiera están hechos”.

Pedagogía
del Amor
Afirmó que el trabajo que realiza, para su publicación, se titula Desde la didáctica y la pedagogía del amor. Además, publicará otro libro que lleva por título Amor incondicional. Afirmó que este tipo de amor, junto a otros valores, los aprendió de sus padres en su hermosa casa en la que vivió en Catia, donde tuvo los mejores sueños de su infancia.
En ambas obras trata sobre el ser humano, tema que también enfoca en los conversatorios y talleres gratuitos que ofrece en escuelas donde es invitada, así como en los planteles en los que estudiantes de educación de la UCV realizan sus prácticas de didáctica.
Explicó que sus exitosos conversatorios en escuelas y otros espacios están centrados en revisar lo que ella es como ser humano.

500 cartas de
historias de vida
Aseveró que el sentimiento y las emociones, consideradas como un componente fundamental a la hora de explicar no sólo el aprendizaje, sino la propia actuación docente, fueron vetados a los maestros durante muchísimo tiempo, porque la formación de los profesionales de la docencia en el país, durante los últimos 60 años, fue esencialmente técnica basada en visiones y propuestas de los expertos.
El tema del ser humano lo comenzó a tratar principios del año 2000, al solicitarles a los maestros que escribieran cartas sobre sus historias de vida. Llegó a compilar 500 cartas de docentes de casi todo el país, incluyendo Ciudad Bolívar. De una selección de 100 apenas diez cartas comenzaban diciendo “yo soy un ser humano, yo soy una mujer, yo soy un hombre”.
“Confío plenamente en la educación que se da desde el amor”, dijo sobre las bondades de las relaciones afectivas positivas para la enseñanza y el aprendizaje. Ilustró esta práctica con una frase de Aquiles Nazoa sobre el cultivo de la amistad, a la que le agregó la risa y el buen humor como la mejor manera de enseñar.

Todavía está
para ratos
“Mi ciclo profesional terminará cuando muera. Ahí termina mi tarea. Pero, como me falta mucho (risas) todavía tengo muchas cosas que dar”, afirmó al preguntársele cuando se jubilaría para continuar escribiendo sus memorias.
“Para mí la docencia, el rango que tengo no es tan importante. A veces nos llenamos de los trofeos: licenciada, magister, doctorada, no sé qué, no sé cuánto. Pero no olvidamos de lo más hermoso que es el ser humano”, expresó.
Su brillante experiencia profesional la hace sentirse orgullosa. “No ha sido repetitiva”, expresó respecto al ejercicio de su práctica docente en las aulas.

Vencer temor
al cambio
Todos los días Rosalba Escobar está aprendiendo cosas para aprender a vivir y compartir consigo misma, renovar y enriquecer su oficio de enseñar en las aulas inspirada por sus grandes maestros, entre ellos Paulo Freire, considerado como uno de los más significativos pedagogos del siglo XX.
“El miedo al cambio”, respondió sonriente, al preguntársele sobre qué cosa ha sido la piedrita en el zapato en su carrera docente. “El La piedrita en el zapato siempre ha sido el miedo al cambio. Yo tengo anécdotas”.
Tras una corta pausa, para evocar el pasado, recordó que fue, durante doce años, maestra de primer grado. Cuatro años en el pre-escolar. Doce años entre cuarto, quinto y sexto grado. Doce años como directora de una institución escolar.
Cada vez que llegaba un septiembre, mes de inicio de un nuevo año escolar, reunía a sus maestras y la pregunta que ellas se hacían era con qué cosas nuevas vendrá esta vez la directora. Porque ella les decía, para estimular la capacidad creativa, que hay que hacer cosas distintas para poder mover los espacios educativos.
A su juicio, los docentes les tienen miedo a la innovación en el quehacer pedagógico, porque la escuela y la educación no enseñan que se vive en un eterno cambio donde un día es distinto al otro, como producto de las transformaciones sociales, políticas, culturales y científicas en la sociedad y las interrelaciones que se dan entre las mismas.

La mujer nunca
es la misma
“La mujer que se acostó anoche no es la misma que está hoy aquí parada”, enfatizó en alusión a su interpretación sobre los cambios en experiencias y comportamientos humanos. “Si la escuela enseñara esto”, enfatizó, “el proceso de transformación de la educación fuera distinto y se diera más rápido”.
Citando un maestro de la filosofía oriental, que decía que la gente transmuta y cambia, afirmó que para transmutar en la educación hay que comprender asumiéndose una actitud crítica y reflexiva por parte del docente, solo así “el cambio deja de ser un “coco” para el maestro y se convierte en su diario vivir profesional”, enfatizó.
En este contexto, afirmó que para entender un fenómeno educativo en movimiento actualmente en el país hay que comprender lo que está pasando para su posible o no transformación.
Expresó que cuando ella está dando clases de didáctica en las aulas, así como evaluando las prácticas de esta asignatura de los estudiantes ucevistas, se da cuenta que a veces la educación no se comprende, porque es entendida como transmisora repetitiva de conocimientos, creyéndose que así se construye aprendizaje.

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