El gobierno de Libia no puede controlar las milicias que se niegan a deponer las armas después de derrocar a Moamar Gadafi, admitió ayer el líder interino libio, mientras se esfuerza por imponer control en la nación africana rica en petróleo.
En una entrevista con The Associated Press, Mustafa Abdul-Jalil advirtió que los remanentes del régimen depuesto siguen representando una amenaza y que demorará años antes de que los nuevos gobernantes libios superen una "herencia onerosa" de corrupción y desconfianza después de más de cuatro décadas del régimen de Gadafi.
Abdul-Jalil admitió que el Consejo Nacional de Transición ha cometido errores, pero también censuró a los ex rebeldes que han formado milicias poderosas y gobiernos locales que surgen como rivales del gobierno central con sede en Trípoli.
"Ambas partes son culpables", afirmó. "El programa del gobierno para integrar las milicias es lento y los revolucionarios no le tienen confianza".
Libia celebra el primer aniversario del comienzo de la revolución del 17 de febrero del 2011, cuando los manifestantes que habían efectuado protestas pacíficas tomaron las armas para hacer frente a la represión de las fuerzas de Gadafi. Libia declaró la liberación después que Gadafi fue capturado y muerto en octubre, y se apresta a efectuar elecciones para elegir una Asamblea Nacional en junio. La nueva asamblea formará un gobierno y designará un panel para redactar una constitución.
Sin embargo, la nación ha estado plagada de ataques de venganza por parte de quienes sufrieron a manos de las fuerzas de Gadafi durante la brutal guerra civil. Grupos defensores de los derechos humanos han documentado denuncias de tortura y asesinatos de detenidos.
Cientos de milicianos que lucharon contra las fuerzas de Gadafi son el verdadero poder local, puesto que controlan ciudades, vecindarios y fronteras, mientras que el gobierno de transición no ha podido controlar a los combatientes, reconstruir las instituciones diezmadas o poner fin a una extendida corrupción.
Abdul-Jalil, de 60 años, que dirige el consejo desde que su formación, opinó que los libios necesitarán años para superar una cultura de corrupción y desconfianza.
"Lo que nos dejó Gadafi en Libia después de 40 años es una carga muy, muy pesada", afirmó, en la entrevista en su despacho en Trípoli. "Es muy pesada y será difícil dejarla atrás en uno o dos años o siquiera cinco".