8 de febrero de 1829 Muere Cristóbal Mendoza
En el frío y silencioso ambiente caraqueño del 8 de febrero de 1829 murió don Cristóbal Mendoza, una de las figuras esenciales del tiempo de la emancipación suramericana, abogado, sabio y culto varón de la nacionalidad y patriota de definidos méritos, primer presidente de Venezuela en 1811 y quien, al decir preciso del Libertador, es "el hombre modelo de la virtud y de la bondad útil". Cristóbal Mendoza es un sólido valor moral del alma venezolana, uno de los inmortales. Fue un hombre formado en definidas culturas de pensamiento y de acción, equilibrado y justo, hecho, modelado por una sólida formación humanística, fue al lado de líderes tan esenciales como Roscio, Peñalver, Sanz, Muñoz Tébar, Gual y otros. El pivote sobre el que se basó el pensamiento, el talento y la ley en aquella época de marchas, batallas y realizaciones militares que fue el duro tiempo de la Emancipación. Mendoza fue un notable hombre de leyes. Magnífico humanista y magistrado de alta calidad, su vida se convierte en una tabla que define el imperio de la ley, el derecho, la libertad, como la más sublime expresión de la sociedad y de los individuos. Enemigo jurado de la demagogia, defensor a ultranza de la paz y del desarrollo, jamás dejó al azar cosa alguna, siendo proverbial su capacidad de organización. Ya lo decía el Libertador, en ese lenguaje suyo que definía un mundo en expresiones muy breves cuando le hablaba: "yo iré adelante conquistando y usted me seguirá, organizando". Gran parte de lo mejor de la literatura jurídica venezolana fue redactada por el doctor Cristóbal Mendoza en una obra densa y útil que debe ser rescatada, puesta al servicio de todos los venezolanos para que, al abordar el estudio de aquella mente privilegiada en la que se destaca la solidez, la desenvoltura y la calidad, la admitamos, no como referencia de una notable disciplina jurídica venezolana en una época determinada y llena de altibajos, sino como la expresión constante de un sólido bastión en defensa de los principios, cuando la libertad y la justicia estaban en entredicho o en peligro por los avatares de la guerra. La muerte del doctor Cristóbal Mendoza le quitó a Venezuela uno de sus más consecuentes adalides. Su presencia, su sabiduría, sus consejos hicieron mucha falta en los primeros tiempos, después de la muerte del Libertador, para tratar, al menos de cooperar, para ponerle orden al caos. Hubiera sido interesante para nuestra estatura de nación en aquellos días de intensa refriega política, su voz de líder, su concepción de la legalidad, su capacidad y su sistema de trabajo para que, al irse el Bolívar creador, quedara el Mendoza de la organización. Mendoza habría dado demostraciones de su talento, honestidad y rectitud que eran, precisamente, las cosas que más falta hicieron en 1830 y los años inmediatamente posteriores. Esa gran urgencia de la nación cuando se muere Mendoza sigue vigente. No olvidemos que él era el caballero de la probidad y con el solo auxilio de su nombre, se ayuda en las tareas por la felicidad de la república. |